| Qué
bueno que llegaras
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
trayendo
la tristeza del que, andando tarde,
no lleva
la carga de un equipaje,
pero sí
la de hallar donde quedarse!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
inesperadamente,
sin prometer nada,
sin vacilación,
sin amarguras narradas
ni una mueca
de ira en tu mirada!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
así,
silenciosamente, como una sombra,
como un relámpago
en noche crispada
o como el
que llega sin decir palabra!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
con soledad
larga y el alma desierta;
sin motivación
mayor que la inocencia
y una imperiosa
necesidad de amar!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
ahora, que
de esperarte tanto
la garganta
se siente muy seca y
la voz no
menciona ningún nombre!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
ahora que,
a veces, el silbar del viento
agoniza todas
mi esperanzas, como si
algo se
me estuviera muriendo dentro!
¡Qué
bueno que llegaras a mi vida,
ahora
que
te necesito tanto!
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